Habemus President(a)

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En enero de 2021 tuve la oportunidad de leer la tesis de la profesora Anne Applebaum: “El ocaso de la democracia”. Allí, de manera clara y brutalmente sincera, explica una a una las razones por los cuales considera que la democracia empezaba a extinguirse en occidente. Desde aquel lontano 2021 he podido observar con lento y doloroso asombro la forma en las que el totalitarismo se ha fortalecido y consolidado.

El Perú, como es lógico, no ha estado inmune a esa peste que ha arrasado, con método y constancia, la débil institucionalidad que se intentó construir desde 2001. El haber podido viciar mi voto me otorga la libertad de poder decir con convicción y sin temor que el verdadero ganador de esta segunda vuelta no es (ni será) el señor Sánchez o la señora Fujimori (esta última se perfila a remontar los resultados que la consideraban nuevamente como “perdedora”). El verdadero ganador es el “gobierno” totalitario que empezó a instalarse desde el desconocimiento de los resultados del 2018 por parte de Keiko Fujimori, transitando por el golpe de Estado del pájaro frutero de Pedro Castillo, los asesinatos de ciudadanos peruanos en el sur (sin que existan responsables y con los autores mediatos exonerados de responsabilidad) hasta la actual consolidación del gobierno de cualquiera de estos dos.

La democracia liberal acaba de morir en el Perú. Para comprobarlo, no solo basta con decir que ganó FP o JP; sino porque, además de que ambas candidaturas buscan reivindicar gobiernos dictatoriales; el modelo económico mercantilista se enraizará hacia niveles paroxísticos. La separación de los poderes y de los órganos constitucionalmente autónomos pasaron a “mejor vida”. Y, lo que es peor, el triunfo de la violencia verbal y física contra los que exigimos una sociedad más humana, justa, digna y liberal.

Sobre esto último, quisiera “destacar” que a lo largo de este último mes, a la manera en que los social demócratas y social cristianos fueron perseguidos e insultados por la exacerbada y bárbara horda nazi en la Alemania de los años 30; se ha consolidado una policía moral y política en redes, liderada por académicos, sindicalistas, políticos, religiosos, empresarios, profesionales y trabajadores que hoy validan sin sonrojo cualquier forma de manipulación y violencia con tal de imponer el atropello y el “pensamiento único” en la mediocre sociedad peruana.

Entiendo a quienes piden con temor que poco o nada cambie en lo económico. Entiendo a quienes claman por un trato más digno e inclusivo hacia la modernidad. Lo entiendo perfectamente, pero no justifico muchas de las medias verdades con las que se tratan de defender algunos privilegios decimonónicos de sustancia virreinal.

Se asoma de manera firme años de injusticia, de un conformismo económico vergonzoso y clientelista, de un mayor deterioro moral y de una corrosión y de una violencia social sin precedentes. Se viene, como tituló Ken Follet, “El invierno del mundo” democrático.

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