La canción que hace años inmortalizó el grupo chimbotano “Los pasteles verdes” parece ser el himno ahora de SEDACAJ y de Joaquín Ramírez. Según ellos el recurso hídrico sobra en Cajamarca, pero el mal uso que le damos quienes la consumimos hace que se acabe y no abastezca a la población.
Joaquín Ramírez hizo un show mediático con su prensa amiga y con los pozos tubulares. Según él, el problema estaba solucionado y con bombos y platillos inauguró pozo tras pozo en fiestas interminables. Una solución temporal que ha fracasado y que provee agua no potable y con deficiencias.
La verdad es que SEDACAJ en tres décadas subió sus clientes exponencialmente. Cajamarca a comienzos de los 90 tenía una población de 30 mil habitantes, hoy sobrepasa los 300 mil. La empresa nunca extendió sus redes debidamente, menos aún, cambió sus matrices como correspondía a una población que desbordaba.
Cada cliente nuevo significaba un nuevo recibo y más ganancias, cada nuevo usario del servicio era más dinero contante y sonante, después empezaron a cobrar hasta por el aire con el consabido cuento de “primero paga y luego reclama”. Empresa deficiente, negligente y abusiva.
Hoy saltan las denuncias en medio de escándalos y contradicciones, malos manejos y desfalco en una empresa que, literalmente hace agua. Y la hace en todos los sentidos con recibos emitidos sin previa medida, con cobros por un servicio que no brinda y con precios que se incrementan aunque servicio no hay casi nunca.
Programa reparto de agua en cisternas que nunca cumple. Horarios de corte que son burdas mentiras, al fin y al cabo nadie la fiscaliza, ni SUNASS, ni el Ministerio Público, ni Defensoría del Pueblo. Y no es que nos ahoguemos en un vaso de agua, porque lo que hay ni para eso alcanza.
Mucha hipocresía sí y muriendo de sed también. Mientras llega un recibo por debajo de la puerta con montos más elevados que los tanques que ahora todas las casa tienen como adorno porque siempre están vacíos. Mientras tanto se culpa al estío y también a la lluvia por no haber venido.
SEDACAJ y la municipalidad gritan ¡hipocresía!, porque nos morimos de sed, dicen, teniendo tanta agua.
Fuente: Jaime Abanto Padilla








