¡En el Perú la narrativa la tienen las izquierdas!

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¡En el Perú la narrativa la tienen las izquierdas!

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Apuntes sobre la hegemonía cultural de los colectivismos

A dos semanas de las elecciones nacionales es incuestionable que las narrativas dominantes en el debate público provienen de las izquierdas. Los partidos y movimientos de la centro derecha, por ejemplo, han enfrentado dos relatos que voltean las responsabilidades de la crisis actual en el país; uno de ellos señala que la derecha gobierna desde el Congreso, una fábula tan intensa que, incluso, es la explicación de la última vacancia de José Jerí que ha desorganizado de gravedad el país, no obstante que las izquierdas vienen controlando el Estado luego de las elecciones del 2016 y la guerra fratricida entre dos derechas. 

Otra fábula redactada por la izquierda se trata de las “leyes procrimen”; es decir, las normas que han restablecido los derechos constitucionales de los peruanos, que antes se habían restringido de tal manera que el Ministerio Público se había convertido en juez y parte de los procesos. El fiscal había pasado a ser una especie de aristócrata de la institucionalidad, exento de controles y contrapesos.

Sin embargo, en las áreas en donde las narrativas suelen imponerse con diferentes grises y oscuros es en el tema del papel del capitalismo, de los mercados y la inversión privada. Si bien hoy no existe la intensidad demonizadora contra la inversión privada que hubo en las elecciones del 2011 y el 2021, por ejemplo, los movimientos de derecha no defienden al capitalismo ni al empresariado nacional. “Todos están con los pobres”, y guardan silencio frente al papel de la empresa. Nadie se atreve a señalar que el sector privado aporta el 80% de los ingresos fiscales, genera el 80% del empleo en los mercados formales e informales y representa el 80% del total de lo invertido en el país. 

Algo parecido sucede en los asuntos de seguridad y orden interno. Más de 300 oficiales y efectivos de la Policía Nacional del Perú y de las Fuerzas Armadas se preparan para enfrentar un nuevo ciclo de judicializaciones que, seguramente, durará décadas, tal como acaece con los soldados que enfrentaron el terrorismo comunista de los años ochenta. El motivo: defender la Constitución y el Estado de derecho ante la ola insurreccional, luego del golpe fallido de Pedro Castillo, que pretendía instalar una asamblea constituyente. Sin la acción de las fuerzas de seguridad el proyecto bolivariano sí habría conseguido sus objetivos.

¿Por qué las izquierdas controlan los relatos y las derechas se mimetizan debajo de ellos? La respuesta es simple: las derechas en la región hispanoamericana, pero en general en todas las sociedades occidentales, se tragaron el cuento acerca de que el comunismo y la amenaza colectivista terminaba con el incremento del ingreso per cápita de una sociedad. Sin necesidad de explayarse, lo que iría contra de la brevedad de un artículo periodístico, se puede sostener que esta fue la visión de las derechas en Estados Unidos, Europa, Chile y Perú. En estos dos países latinoamericanos, en las últimas décadas el PBI se multiplicó varias veces y la pobreza se redujo como nunca antes en sus respectivas historias republicanas; sin embargo, las dos sociedades terminaron eligiendo a Gabril Boric y Pedro Castillo, dos presidentes colectivistas que paralizaron el avance al desarrollo. 

En el Perú, por ejemplo, los gremios empresariales, suelen enfrentarse a las narrativas de la izquierda presentando cifras económicas, desarrollando un plan de comunicaciones con una consultora y distribuyendo noticias en los medios de comunicación oficiales. Sin embargo, la falta de una historia para contar la realidad vuelve todo extremadamente frágil. Por ejemplo, hoy la minería ilegal que ha llenado el Perú con las fábulas acerca de que “los pequeños mineros son excluidos por los grandes” está a punto de aprobar en el Congreso la barbarie económica de las concesiones ociosas.

Y es que las derechas económicas y políticas deben aprender de una vez que las sociedades no solo se alimentan de pan, sino también de relatos, de fábulas, de historias.

Fuente: EL MONTONERO

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