GAMERO CRÉDITOS

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GAMERO CRÉDITOS

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Por Jaime Abanto Padilla

A comienzos de los ‘80 en Cajamarca existía un lugar comercial en el jirón Junín 1220 llamado “Gamero Créditos”, era una tienda amplia que estaba dividida en secciones y que ofertaba productos de todo tipo, desde muebles hasta cocinas, artefactos, bicicletas, motos y muchos productos de marcas prestigiosas.

“Gamero Créditos” fue en esos años el abuelo de los grandes centros comerciales de hoy por la concepción de sus propietarios y por su sistema crediticio que permitía que los productos se paguen en fracciones, contaba además con un sistema de carga para dejar los productos con entrega a domicilio.

Fue en esos años que la austera economía del hogar materno se vio en la necesidad de adquirir bajo ese sistema un juego de comedor de ocho sillas con la mesa de tablero de formica que llegó hasta nuestra casa en un pequeño camión luego de largas horas de espera de nuestra inquieta niñez y en medio del alboroto y de la curiosidad del vecindario.

El sistema aplicado por sus dueños era funcional, al menos cubría la necesidad de muchos que en ese tiempo no podíamos comprar al contado y esas facilidades con un modesto incremento crediticio aliviaba en mucho aquella falta de liquidez.

El tiempo pasó y nuevas tiendas con criterios diferentes en economía aparecieron, tiendas con capacidades económicas distintas que fueron desplazando lentamente a la afamada tienda cajamarquina que tantos productos en tantos años vendió en Cajamarca a muchas familias.

Un día las puertas de la céntrica tienda se cerraron y solo quedaron aquellos recuerdos de un tiempo que se ha ido, pero que queda en la memoria como testimonio de una época en que de algún modo éramos más crédulos, donde la mayoría nos conocíamos y hasta cierto punto éramos más humanos.

Hoy aún en algunas ciudades del interior de la región existen todavía personas que fían y tienen un cuaderno lleno de nombres, productos, montos y fechas. Sin tarjetas de crédito, sin intereses, sin cartas de cobranza… sin más recurso que la buena fe y la honradez de cada cliente que honra su palabra.

Cada vez que paso por esa casa y aquel portón del jirón Junín 1220 es inevitable tener cierta nostalgia, por aquellas veces que acudíamos con emoción a ver las novedades de un centro comercial pionero que hoy habita en el olvido de la mayoría y en el recuerdo de quienes de cierta lo forma hemos y seguimos queriendo.

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