EL CAMINO INCA TAMBIÉN SE HUNDE JUNTO A UNA GESTIÓN MEDIOCRE E INCAPAZ

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EL CAMINO INCA TAMBIÉN SE HUNDE JUNTO A UNA GESTIÓN MEDIOCRE E INCAPAZ

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Don Joaquín Ramírez presentó el embloquetado del Camino Inca como una obra histórica, largamente esperada y destinada a mejorar la calidad de vida de los vecinos. Se habló de progreso, de modernización, de desarrollo urbano. Pero la realidad, cruda y visible, desmiente el discurso oficial. En menos de mes y medio, los sardineles comenzaron a levantarse. Los vecinos denunciaron diversas fallas. Y lo más alarmante: el hundimiento de un buzón de aguas residuales, evidenciando graves deficiencias de una una obra recién inaugurada. Hoy, intentan corregir lo que nunca debió fallar. Lo que se vendió como símbolo de gestión eficiente, es hoy una escena vergonzosa de improvisación y parche. El problema no es solo el Camino Inca. Tampoco de un hecho aislado. La gestión de Joaquín Ramírez, acumula antecedentes preocupantes. La avenida San Martín terminó con el pavimento deshaciéndose como arena después de gastar un millón de soles. La obra quedó paralizada, hasta nuestros días. El Jr. Tayabamba, implicó la tala de más de 40 árboles, provocando la indignación ciudadana. Hasta hoy, esos árboles no han sido repuestos. Y el Jr. Jirón Los Patos se hundió a la semana y sigue hundiéndose. ¿Quién fiscaliza?, ¿quién supervisa?, ¿quién responde? Una gestión no se mide por el número de inauguraciones, (de las que esta gestión tiene muy pocas), sino por la calidad y sostenibilidad de sus obras. Cuando los proyectos se deterioran en semanas, no hablamos de simples errores técnicos: hablamos de falta de liderazgo, de desorganización y, peor aún, de una preocupante ausencia de sanciones. No hay funcionarios responsables, no hay contratistas inhabilitados, no hay explicaciones claras. Esa impunidad va atenuando la sospecha y aclarando la certeza de colusión y complicidad, en otras palabras: corrupción. El Camino Inca no solo muestra bloques levantados y buzones hundidos. Muestra una gestión que parece más interesada en la foto inaugural que en el rigor técnico. Muestra el costo real de la improvisación: dinero público mal invertido y la confianza ciudadana erosionada. Cajamarca no merece obras que duren menos que el discurso que las anuncia. La población no puede normalizar la mediocridad ni aceptar que cada proyecto termine siendo un experimento fallido pagado con sus impuestos. Es momento de exigir transparencia, auditorías técnicas independientes y sanciones ejemplares. Porque cuando el concreto se hunde tan rápido, lo que realmente está en crisis no es la pista, es la gestión. Gestión mediocre que se sostiene en mocos. Pese a ello, aún vemos soberbia, mentiras y más demagogia.

Fuente: Luis Mego

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