Proponen y sacan programas como el mago saca conejos del sombrero
En el debate de técnicos de los equipos del gobierno del lunes pasado sucedió algo difícil de imaginar en cualquier país democrático con mediana salud política, por decirlo de alguna manera. Pedro Francke, ex ministro de Economía del pasado gobierno de Pedro Castillo (también Roberto Sánchez fue ministro del gobierno de Castillo), y Gustavo Guerra García fueron a exponer ideas sueltas, a recitar algunas cifras y datos que no tenían ninguna relación con el programa de nacionalizaciones e incremento de impuestos que había planteado Juntos por el Perú (JP).
La conducta revelaba el profundo desprecio que se siente en Juntos por el Perú, por la democracia y por el Estado de derecho. Roberto Sánchez, el candidato del radicalismo antisistema, que se había negado categóricamente a firmar una hoja de ruta y abandonar la propuesta de instalar una asamblea constituyente convocaba a algunos técnicos e intelectuales para que expongan lo que les pareciera con el objeto de generar la impresión de que la alianza de Juntos por el Perú, el etnocacerismo de Antauro Humala y el Movimiento por la Amnistía y por los Derechos Fundamentales (Movadef, vinculado al maoísmo senderista), “se estaba desplazando al centro político”.
De alguna manera Sánchez y JP estaban reeditando un clásico del marxismo en las campañas electorales o estrategias de poder en la región. Como todos sabemos, todos los sátrapas y dictadores –tales como Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega en Nicaragua, y antes el propio Fidel Castro en Cuba– habían llegado al poder negando su filiación con el radicalismo comunista. Incluso alguno de ellos había declarado abiertamente su filiación cristiana católica.
Sánchez pretende hacer lo mismo revelando el mismo desprecio de cualquier dictadorzuelo latinoamericano por el ciudadano, por la sociedad y por el Estado de derecho y la democracia en general. ¿Por qué? Un demócrata considera que los debates en los procesos electorales son los momentos en que el pueblo y los votantes esclarecen sus puntos de vista sobre los temas cruciales de una república. El demócrata no puede esconder el programa de la primera vuelta y sacar otro del sombrero prestado del profesor de Chota. De ninguna manera, a menos que participe de la estrategia leninista que se resume en el aserto acerca de que “salvo el poder todo es ilusión”. Y por otro lado, un técnico o un intelectual con ciertos valores que vinculan la ética y la política tampoco puede prestarse al montaje teatral desarrollado por Juntos por el Perú.
Uno de los grandes problemas que enfrentan Roberto Sánchez y los estrategas cubanos y venezolanos que han comenzado a rodearlo es que la operación de maquillaje político que desarrolla requiere la condición de outsider del sistema político del que alguna vez gozaron Castro y Chávez para implementar la estrategia camaleónica de pasar como un supuesto demócrata. Sánchez es un viejo dinosaurio de la política, con una trayectoria sinuosa.
En cualquier caso, es extremadamente complicado que prospere el intento de maquillaje de Sánchez porque en la primera vuelta materializó la alianza de los mismos radicalismos extremos que acompañaron a Castillo en las elecciones del 2021. Es imposible esconder a Antauro Humala, quien amenaza con fusilar a medio mundo, eliminar la Iglesia Católica Apostólica y Romana y reemplazarla por una iglesia tawantinsuyana y luego secuestrar al rey de España. Igualmente es imposible negar que el Movadef, el maoísmo senderista, ha regresado al Congreso, gracias a la alianza con Sánchez. El binomio Castillo-Sánchez, pues, reproduce todos los extremismos de siempre.
El intento de sacar cualquier programa desconocido del sombrero le pasará una inmensa factura a Sánchez en los días que restan para el domingo 7 de junio, fecha de la segunda vuelta. De repente todos los astros se comienzan a alinear para un posible triunfo de Keiko Fujimori y la expresión de una gran mayoría nacional que busca salvar al país del caos y el desgobierno que desata la izquierda en el Perú.
Y ni siquiera los aliados de Sánchez –Jorge Nieto y Alfonso López Chau–, ni las ineficiencias ni las irregularidades de la ONPE podrán evitar una victoria democrática de los peruanos que pretendemos salvar al Perú del caos y el desgobierno comunista.
Fuente: El Montonero








