Los pueblos sin historia no pueden acometer el futuro
La leyenda negra sobre el virreinato español –el intento de ocultar las grandezas de una etapa histórica para sumergirla en los aspectos negativos–, simplemente, ha destruido la grandeza y el protagonismo planetario de las Américas y del Perú. Una leyenda negra que primero fue levantada por los imperios protestantes y todos los enemigos del imperio español y ahora es defendida por el marxismo latinoamericano en todas sus versiones, ya sean las corrientes progresistas o las más ortodoxas como el Foro de Sao Paulo o el Grupo de Puebla.
Algo más. Esta leyenda negra ahora se ha vuelto en contra de los sectores que la iniciaron, la alimentaron y la cultivaron. Hoy la leyenda negra no solo es una densa humareda en contra tres siglos de virreinato español, sino en contra de la herencia de la Gloriosa Revolución Inglesa, en contra de la independencia de los Estados Unidos (ambas experiencias acusadas de esclavistas), en contra de las libertades conquistadas en Francia, mientras Europa comienza a convertirse en un territorio en ruinas culturales por la influencia del progresismo.
La leyenda negra, pues, es una narrativa, un relato que siempre ha ocultado lo mejor de los aportes de la civilización occidental con el objeto de destruir a Occidente. En este momento de choque de civilizaciones en el planeta no es extraño, entonces, que la leyenda negra comienza a ser alimentada por civilizaciones enemigas de los valores occidentales.
Si el Perú, según los estudios de Bruno Seminario, durante el virreinato tuvo un ingreso per cápita igual o superior al de España y muy cercano al de Inglaterra; si las gramáticas del Náhuatl (México) y el Quechua fueron redactadas por sacerdotes españoles antes que la del Inglés; si el mayor indigenista del Perú, José María Arguedas, en sus tesis doctoral sostiene que las comunidades campesinas del Perú son copias y réplicas de las comunidades de Castilla, que los vestidos y polleras de las mujeres de los Andes imitan las vestimentas castellanas, que la religión y las iglesias andinas parecen copias de la España del siglo XVI, ¿por qué semejantes verdades se ocultan a los peruanos?
¿Acaso no sabemos que todos los historiadores señalan que el 80% del ejército español estaba compuesto por indígenas en las batallas de Ayacucho y Junín? ¿Acaso no se sabe que el mundo andino siguió respaldando al rey español varios años después de la independencia?
Todas esas verdades que se ocultan son las consecuencias directas de la leyenda negra. A los pueblos de Hispanoamérica esta narrativa le negó la grandeza de su pasado y las nuevas repúblicas independientes se quedaron sin historia, sin tradiciones, y ya sabemos que los pueblos sin historia se embarcan por los caminos de la revolución. Y Latinoamérica es el continente revolucionario por excelencia. Todos los días hay revoluciones, todos los días se redactan constituciones, y todos los días nos empantanamos en el subdesarrollo.
Ahora bien, ¿por qué se construyó tanta civilización en el virreinato español, sin negar abusos y excesos de cualquier conquista? Por el mestizaje y la labor épica de la Iglesia y los sacerdotes que redactaron las gramáticas de todas las lenguas que hoy sobreviven. En Hispanoamérica se desató la experiencia más audaz de mestizaje de la modernidad, únicamente comparable con los mejores momentos del imperio romano.
Por todas esas razones, ¡feliz 12 de octubre!, ¡feliz Día de la Hispanidad! Y celebremos nuestra condición plena de mestizos.
Fuente: EL MONTONERO








