Por Jaime Abanto Padilla
Hace unos años Manuel Merino, de profesión gallero y con el hobie de congresista, llegó a la presidencia del Perú y ni siquiera él mismo podía creelo. Fueron las triquiñuelas de Keiko Fujimori, las que aplicó con diligencia desde su primera derrota eleccionaria las que llevaron a Merino a un lugar que nunca soñó. Y aunque duró solo 5 días por la presión popular, nadie le quita que es un expresidente del Perú y que cobre un sueldo como tal vitaliciamente.
Ha sucedido lo mismo una vez más con José Jerí. Dina Boluarte ya no le era útil al fujimorismo y compañía y el Perú nuevamente necesitaba un recambio, un cambio a los fusibles quemados por la corrupción, vanidad y orgullo. Dina se, sentía eterna y obnubilada y deslumbrada por el poder llegó a decir que se ha bañado con manteca para que todo lo que se diga contra ella le resbale.
José Jerí, acusado de violación, aunque absuelto por quien hoy es Fiscal de la Nación tiene antes que una hoja de vida un prontuario o una hoja de mala vida. Quienes lo llevaron hasta ahí piden que se le otorgue tiempo y el beneficio de la duda refrendando el pacto mafioso y corrupto como si el país estuviera para experimentos.
José Jerí ni siquiera fue congresista, obtuvo una curul por ser accesitario de Martín Vizcarra, ante la sanción de éste. La casualidad y los odios viscerales e intestinos del Congreso de la República lo acabaron poniendo como presidente del Congreso y esa línea por sucesión le correspondió la presidencia del país, hecho que ni él mismo puede creer hasta ahora, menos aún la mitómana compulsiva Dina Boluarte.
La presencia de José Jerí en Palacio de Gobierno como jefe de Estado hace recordar a esa fotografía de una vaca sobre un tejado, una imagen que nadie puede explicar, porque es casi imposible que el cuadrúpedo haya llegado hasta ahí con sus propios medios. Esta vez no se trata de una vaca sino de un “violinista” en el tejado, como la película de Norman Jewison en donde se cuenta la vida de un lechero judío… Hoy nadie se explica qué hace el músico en el techo del país tocando una dulce melodía.








