La Avenida Atahualpa: El Bypass de la Soberbia y la Opacidad Municipal

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La Avenida Atahualpa: El Bypass de la Soberbia y la Opacidad Municipal

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Cajamarca ayer fue testigo, de un episodio que retrata de cuerpo entero la actual gestión municipal de la capital de la región: una preocupante desconexión con la realidad y un alarmante desprecio por el diálogo ciudadano.

El inicio de las obras del bypass en la Avenida Atahualpa no fue una fiesta del progreso, sino un escenario de confrontación donde la prepotencia y el cinismo de los funcionarios de confianza del alcalde Joaquín Ramírez fueron los tristes protagonistas.

​Resulta inaudito que el Gerente Municipal, Wilder Narro, asuma una postura de “autoridad absoluta” frente a vecinos y comerciantes que solo piden claridad. ¿Es ignorancia técnica o una estrategia de opacidad? Responder a los reclamos legítimos sobre el impacto económico y social con evasivas o tachando la protesta de “interés político” es, además de cínico, una falta de respeto a la inteligencia del cajamarquino. Un proyecto de más de 70 millones de soles y cuestionado por entidades colegiadas y expertos , no puede imponerse a caballazo limpio, ocultando los planes de contingencia bajo la alfombra de la burocracia.

Más grave aún es el papel de la Gerencia de Seguridad Ciudadana Crnl. Jorge Luis Salazar Pérez. Observar al Serenazgo y a la fuerza pública actuando con una soberbia desmedida, no para garantizar el orden, sino para blindar la maquinaria de una empresa privada, frente a la población, es una señal peligrosa de autoritarismo. Este comportamiento no es más que el recurso de quienes no tienen argumentos para defender su gestión en un espacio de transparencia.

​La gestión municipal parece olvidar que el poder es delegado. Una administración pública transparente se basa en tres pilares que ayer fueron demolidos: el primero corresponde a la Participación Ciudadana, el cual no es un favor, es un derecho. El segundo pilar se relaciona con la ​Rendición de Cuentas en donde es un deber de la gestión edil, explicar el “cómo” y el “cuándo” de una obra tan crítica y tercero el ​Servicio al Ciudadano, escuchar a la población comerciantes y moradores, que teme por su sustento diario en la Vía de Evitamiento.

​Nadie se opone al desarrollo de Cajamarca, pero el cemento no puede valer más que la dignidad de sus ciudadanos. Si el bypass de la avenida Atahualpa nace bajo el signo de la prepotencia y la represión, su legado no será el de una mala interpretación de modernidad, sino el de una gestión que prefirió imponer antes que convencer, que prefiere el cemento antes que una ciudad en armonía con el medio ambiente, que prefiere el motor antes que al poblador.

Los gerentes Wilder Narro y Jorge Luis Salazar le deben a Cajamarca una disculpa y, sobre todo, una explicación técnica real. Gobernar de espaldas al pueblo es, en el fondo, la forma más cínica de ignorancia.

Fuente: Periodismo urbano

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