
El show de la promo es una iniciativa de Radio San Francisco, producida y dirigida por Thaly Hoyos. Pero conociendo la pasión por la radio que corre por las venas de esa familia, me atrevería a decir que todos los Hoyos están involucrados, incluyendo a la matriarca, doña Rosita.
Este programa está despertando emociones guardadas en el corazón de los cajamarquinos por décadas…
Nuestra generación estuvo marcada por escenarios caóticos: la recesión, el militarismo, el terrorismo, las migraciones masivas a la costa, la resaca de la reforma agraria, el regreso a la democracia con Belaunde… y, con él, el túnel oscuro en el que nos metió Alan García. Fue, quizá, la etapa más dura de la vida republicana del Perú: la incertidumbre hacia el futuro, el terrorismo, el terror de las batidas y levas, las huelgas interminables del SUTEP, los apagones, las colas, la devaluación del dinero… En realidad, todo eso hoy suena inimaginable.
Nos refugiábamos en la música, en la plaza de armas, en La Casita, en el cine (en realidad, en los tres cines), en nuestras esperadas fiestas, en el carnaval que era para todos, y un poquito más “exclusiva”, la esperada FONGAL…
Vivimos varias transformaciones sociales y cambios en los comportamientos juveniles, según la generación de turno. Ir a la salida del colegio Santa Teresita, o recoger a tus amigas del lejano María de Nazaret, y dar la respectiva vuelta a la plaza de armas… Todo terminaba en una sola mancha de todas las promociones y colegios en las discotecas de entonces: la Topsy para los más pacharacos, Las Vegas para la gente “bien”, y “el apanau” Up & Down para la juventud en general.
Pasamos de las hamburguesas del Al Paso a La Casita, de El Arlequín al Casa Blanca, de Las Vegas a la Exodus, después al Rocco’s… y todas quedaron sepultadas por la inmejorable La Chacra. Con esta última cerramos una etapa, el fin de una generación que vivió su adolescencia y juventud en medio de cambios realmente trascendentales.
Lo que sí está claro es que las generaciones de ese tiempo en Cajamarca éramos un solo grupo. Todos nos conocíamos, todos gorreábamos cigarros, tomábamos ofertas de ron barato. Si había bronca, era bronca de todos. Las fiestas eran en casas y, si te invitaban, tu mancha entraba sí o sí. ¿Cómo los hacías entrar? Eso da para otro post…
Si alguien sacaba carro, estaba obligado a llevar a todos los que cupieran… ¡y más!
Y si justo te caía un amigo cuando estabas por ir a un quinceañero, la obligación era disfrazarlo con lo más parecido a un terno o vestido. Improvisación, complicidad, juventud.
El carnaval era el gran esperado. Ese contacto físico en las rondas del coliseo o el saltar abrazados en el carnavalón podía ser el inicio de una gran pasión… o, al menos, de una aventura inolvidable.
La FONGAL era un reto aparte: los cabellos rubios y castaños, el biotipo y la madurez costeña hacían gala de un derroche de “primer mundo” en nuestra bella, pero dormida, Cajamarca. Fogatas fugaces, cachina alcahueta y, por supuesto, el frío de julio que —cómplice— te permitía ceder tu codiciada casaca a la chica que te gustaba. Si la aceptaba, ya tenías el 59% de posibilidades… el 59, jajaja.
Bellos tiempos. Mucho por contar.
A mí nunca me gustó el colegio, no tengo preferencia por ninguno de los que pasé.
Si tuviera que escoger uno de los cuatro, me quedaría con el glorioso San Ramón de Chontapaccha. Allí me curtí, conocí grandes amigos y compañeros. Tocaba la tarola en la banda, y en las tardes o fines de semana todos éramos amigos en la plaza, independientemente del colegio al que fuéramos.
Gracias, Radio San Francisco. La radio que manda.
Y muchas gracias, Thaly. Tremendo reto que te aventaste.
Deberías hacer un show de los que no nos gustaba el cole, jajaja.
Carlos Antonio R. Portal Coronado







