
Por Jaime Abanto Padilla
La Universidad Nacional de Cajamarca cumple 63 años hoy 14 de julio. Pese a que es su aniversario, hay pocos o nulos motivos para celebrar debido a los antagonismos internos y luchas intestinas que son el reflejo de una institución en descenso y decadencia. Una universidad que creció materialmente, pero que se perdió en esencia con el transcurrir del tiempo y la tan esperada modernidad.
Hace 63 años cuando inició modestamente con una clase con 120 alumnos en la casona Villanueva ubicada en la intersección de los jirones Del batán y José Sabogal, con la facultad de Educación, el paraninfo y la biblioteca universitaria, surgió con la ilusión y la esperanza de convertirse en un centro de estudios que acoja a los cientos de alumnos que en aquellos días emigraban a la costa a cursar estudios superiores.
Hoy en cuanto a infraestructura la historia es diferente, hoy es una ciudad universitaria propiamente, pero sin las expectativas de aquellos días. El desgobierno y la corrupción han tomado por asalto sus instalaciones. La politiquería se ha institucionalizado y los alumnos toman la universidad cada vez que se les antoja por los motivos más diversos. Hoy hasta se sueldan las rejas de ingreso y los alumnos encapuchados y con el rostro cubierto pertenecientes a distintos bandos se atacan y hieren haciendo uso de armas blancas.
La institución que hace 63 años surgió entre sueños y esperanzas por un movimiento luchador e intelectual hoy tiene millones de soles en sus cuentas, pero de nada le sirve. Prima el saqueo y el facilismo, la corrupción y el oprobio, la ignonimia y la afrenta. Aquel sueño de Zoilo León Ordoñez y un grupo de intelectuales hoy es una terrible pesadilla y antes de decir feliz día Universidad Nacional de Cajamarca, nos damos con la espantosa realidad de que no hay motivos para celebrar.







