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El líder de Los Injertos del Cono Norte estuvo a salto de mata hasta que fue capturado en Paraguay y extraditado el miércoles. La narrativa de la bestia número uno, tuvo éxito.
Cuando se le vio caminar, el miércoles, recién llegado a Lima, encadenado de manos y de pies, con su uniforme rojo tomate visible a 1 km a la redonda, El Monstruo esbozaba una sonrisa. ¿Era un rictus nervioso al imaginar los años de soledad y de celda que le esperan? ¿O era la pose del personaje que no quiere dejar para la posteridad una postal de su derrota? Tengo mis serias dudas.
Fuente: El comercio








