
negativamente la opinión pública internacional.
Esta comparación muestra claramente que, aunque la raíz de la crisis está relacionada con el sistema institucional, la existencia de mecanismos adecuados de promoción y castigo de funcionarios también es clave para mejorar su capacidad de respuesta y gestión. Pero al final, la esencia del problema radica en cómo se emplean y aprovechan adecuadamente los talentos humanos.
Para evitar que estos incidentes se repitan, Perú debería adoptar reformas institucionales específicas:
Primero, establecer un mecanismo nacional obligatorio de pruebas integradas antes de la transferencia operativa de nuevos proyectos de infraestructura, asegurando validaciones funcionales, simulaciones logísticas y ejercicios de emergencia antes de la inauguración oficial.

Segundo, otorgar mayores competencias a organismos reguladores como OSITRAN, no solo supervisando la infraestructura física, sino participando también en la revisión del cumplimiento operativo y alertas tempranas de riesgos.
Tercero, crear dentro del MTC una oficina interproyectos para coordinar integralmente la aprobación, construcción, entrega y operación de grandes infraestructuras.
Cuarto, redefinir la lógica de las concesiones, promoviendo un modelo de producción y gestión colaborativa de los servicios públicos, estableciendo mecanismos institucionales de cooperación y marcos claros de responsabilidad compartida que excedan los límites contractuales.

El Aeropuerto Jorge Chávez no es solo una puerta estratégica de transporte, sino también un reflejo de la capacidad de gobernanza del país. Si Perú no aprende las lecciones institucionales derivadas de esta crisis, los riesgos futuros serán mayores y los costos más altos en áreas aún más complejas como puertos, ferrocarriles de alta velocidad, energía e infraestructura digital. La clave de una buena gobernanza no reside únicamente en construir, sino fundamentalmente en cómo se utilizan y gestionan adecuadamente las infraestructuras.
Fuente: CHNM






