
Por Jaime Abanto Padilla
En pleno corazón de Cajamarca, entre los jirones Del Comercio y Cruz de Piedra, se levanta hoy el hotel “Costa del Sol”, uno de los establecimientos más reconocidos de la ciudad. Sin embargo, pocos conocen la fascinante historia que esconde este lugar, que originalmente fue el exHotel de Turistas de Cajamarca, construido a finales de la década de 1950 sobre los cimientos de una casona colonial cargada de relatos, fantasmas y hasta un misterioso tesoro.
DE CASONA COLONIAL A HOTEL TURÍSTICO
Antes de convertirse en hotel, el terreno albergaba la antigua Casona Santolalla, una vivienda de adobe con amplios balcones que dominaban la Plaza de Armas. Esta construcción fue testigo de importantes episodios políticos y sociales. En uno de sus balcones, el líder aprista Víctor Raúl Haya de la Torre llegó a ofrecer un encendido discurso a una multitud cajamarquina, dejando una estampa histórica en la memoria local.
Pero el pasado de la casona va aún más lejos. En el siglo XIX, fue propiedad del acaudalado minero español Miguel Espinach, personaje influyente en la época virreinal, dueño de haciendas, esclavos y minas, entre ellas el Socavón Real de Hualgayoc, conocido también como “Socavón de Espinach”, mencionado por el propio Alexander von Humboldt en su obra Cuadros de la Naturaleza durante su visita a las minas de Hualgayoc.
El FANTASMA DEL MINERO Y EL TESORO OCULTO
Con el paso de los años, la casona cambió de propietarios, pero la leyenda permaneció. Los descendientes de la familia Santolalla aseguraban haber visto, en varias ocasiones, la figura fantasmal de un hombre vestido a la usanza española –con jubón y gorguera– ascendiendo por las viejas escaleras de madera hacia el segundo piso. Para muchos, no cabía duda: era el espíritu de Miguel Espinach, aún rondando su antiguo hogar.
La historia tomó un giro aún más intrigante cuando, en los años cincuenta, la empresa estatal Entur Perú adquirió el solar para construir el hotel. La demolición de la casona no solo marcó el fin de una era arquitectónica, sino que reveló un misterio aún más profundo: los obreros encontraron un baúl lleno de monedas y joyas de oro escondido bajo las escaleras. Informaron a los ingenieros encargados de la obra, quienes les pidieron suspender los trabajos hasta el día siguiente. Pero al volver, los trabajadores descubrieron que los ingenieros habían desaparecido… llevándose el tesoro consigo. La empresa se vio obligada a contratar a otra firma para continuar la construcción.
UNA JOYA ARQUITECTÓNICA CON HISTORIA VIVA
El actual hotel, conocido como “Costa del Sol”, se levanta majestuoso junto a la iglesia de Santa Catalina —la Catedral de Cajamarca— y constituye una pieza clave del paisaje urbano de la ciudad. Aunque ha sido remodelado con el paso del tiempo, su historia no se borra fácilmente: la memoria de la Casona Santolalla, el fantasma del minero, y el baúl perdido siguen siendo parte de la mitología urbana cajamarquina.
Hoy, hospedarse en este hotel no solo es una experiencia de confort y buena ubicación, sino también una oportunidad para dormir sobre siglos de historia, donde los fantasmas y los tesoros aún susurran entre las paredes.







