
Tras lamentable accidente se identifica una cadena de negligencias e irregularidades.
Un nuevo escándalo sacude al sector minero. La muerte del Gerente Senior de Operaciones de Antamina, Edwin Colque Calisaya, y las graves heridas sufridas por el Superintendente Yorinhio León Robles, tras el impacto de un volquete Komatsu sobre una camioneta en el campamento Yanacancha (Huari), ha destapado una cadena de negligencias, irregularidades profesionales y una preocupante pasividad de las autoridades competentes.
Según el registro del Colegio de Ingenieros del Perú (CIP), ni Colque ni León estaban habilitados legalmente para ejercer como ingenieros, lo que representa una violación directa al artículo 7 del reglamento de la Ley del CIP. A pesar de ello, ambos ocupaban altos cargos técnicos en una de las mineras más importantes del país.
Además, se evidenció el incumplimiento del Reglamento de Seguridad y Salud Ocupacional en Minería (D.S. 024-2016-EM), el cual exige supervisión calificada y comités paritarios de seguridad en unidades con más de 20 trabajadores. Aunque Antamina ostenta la certificación OHSAS 18001, el fatal accidente ha puesto en evidencia deficiencias graves en la aplicación de sus medidas preventivas.
La Ley 29783 exige a todo empleador minero identificar peligros, evaluar riesgos y aplicar controles efectivos. Nada de esto se cumplió. El propio Código de Conducta de Antamina obliga a reportar condiciones peligrosas, pero la reacción de la empresa fue tardía y limitada.
A pesar de la gravedad de los hechos, OSINERGMIN solo anunció acciones de supervisión después del accidente, y tanto la Fiscalía Penal de San Marcos como la Comisaría del sector guardan un preocupante silencio ante lo que podría tipificarse como homicidio culposo. Todo apunta a un trato diferenciado por tratarse de una empresa poderosa.
La vida de los trabajadores no puede seguir siendo moneda de cambio frente al poder económico.
(Fuente de réplica: Tierra que Habla)









